Día 13

Nunca niegues un encuentro artístico por falta de compañía. No siempre va a haber alguien para tomarte la mano; pero la música/ la pintura/ el teatro/ la danza, muchas veces logran sostener a tu cuerpo en su totalidad. No hablo de renegar a los amigos, sino, de amigarse con la idea de la concentración exclusivamente depositada en respirar y sobre todo absorber inmensidades.

Que los sentidos se alimenten sin ninguna distracción y llenen las venas de verdadera inspiración. 

Día 12


Historia floreciendo, esta ausencia nos llama unidos. Te escucho en el deseo que nos hizo regalarnos. Hoy mis años te encuentran alineado a mi musicalidad.
Quiero creer en las ataduras.

Quiero volver a esa registrada idiotez. 

Día 11


Me das llanto alegre. Te veo mirarme orgulloso, te miro orgullosa también.
Pequeño mío.
Te encuentro y no se como explicarte mis felicidades. Te percibo inmenso, te siento alto y lleno de bosques. Te veo más que nunca.

Hoy quiero compartir el azul con vos. 

Día 10


Alimentame, sino ausentate.
Creyente de esta religión que a veces mueve labios agrios y que me torna amarga.  Socialmente incompleta, tan hundida en deseos. Perdida por alguna tierra solitaria, sembrada y trabajada, llena de frutos.
Tan inadaptada.

Tan negada a ser llamada común.    

Día 9


Realmente quiero sacudir tu vida, tan llena de silencio de hospital, de banalidad, de la nada ensimismada.
Respiras una sentencia apresurada, un encierro premeditado, una moralidad aburrida y ahorcante.
Estás atrapada en rosas y yo que quiero vivirte

Ya no puedo ser amiga. 

Día 8

Sos el mar que me llama a ahogarme, tan brillante de ceguera, lleno de mito y de cuerpos arenosos convertidos en esculturas.
Sos la muerte honda, la voz dulce de la marea. 

La perfecta canción para mi funeral.

Día 7


Hubo un deseo inmenso de volver al inicio, descansar en el pasado.  Ahora camino de un lado a otro por mi casa familiar, por mis sábanas de otro y por el agua helada en el jardín. Siento un profundo abismo y deseo suspenderme ágilmente hacia otra patria. Observo los teléfonos que debería levantar, las imágenes de la gente a la que debería contactar y se me atan las manos. El único deseo fuerte que me atraviesa es envolverme en telas.

O escuchar esa voz.