Nunca niegues un encuentro artístico por falta de compañía. No siempre va a haber alguien para tomarte la mano; pero la música/ la pintura/ el teatro/ la danza, muchas veces logran sostener a tu cuerpo en su totalidad. No hablo de renegar a los amigos, sino, de amigarse con la idea de la concentración exclusivamente depositada en respirar y sobre todo absorber inmensidades.
Que los sentidos se alimenten sin ninguna distracción y llenen las venas de verdadera inspiración.
Día 12
Historia floreciendo, esta ausencia nos llama unidos. Te
escucho en el deseo que nos hizo regalarnos. Hoy mis años te encuentran
alineado a mi musicalidad.
Quiero creer en las ataduras.
Quiero volver a esa registrada idiotez.
Día 11
Me das llanto alegre. Te veo mirarme orgulloso, te miro
orgullosa también.
Pequeño mío.
Te encuentro y no se como explicarte mis felicidades. Te
percibo inmenso, te siento alto y lleno de bosques. Te veo más que nunca.
Hoy quiero compartir el azul con vos.
Día 10
Alimentame, sino ausentate.
Creyente de esta religión que a veces mueve labios agrios y
que me torna amarga. Socialmente
incompleta, tan hundida en deseos. Perdida por alguna tierra solitaria, sembrada y trabajada, llena de frutos.
Tan inadaptada.
Tan negada a ser llamada común.
Día 9
Realmente quiero sacudir tu vida, tan llena de silencio de
hospital, de banalidad, de la nada ensimismada.
Respiras una sentencia apresurada, un encierro premeditado,
una moralidad aburrida y ahorcante.
Estás atrapada en rosas y yo que quiero vivirte
Ya no puedo ser amiga.
Día 8
Sos el mar que me llama a ahogarme, tan brillante de ceguera, lleno de mito y de cuerpos arenosos convertidos en esculturas.
Sos la muerte honda, la voz dulce de la marea.
Sos la muerte honda, la voz dulce de la marea.
La perfecta canción para mi funeral.
Día 7
Hubo un deseo inmenso de volver
al inicio, descansar en el pasado. Ahora
camino de un lado a otro por mi casa familiar, por mis sábanas de otro y por el
agua helada en el jardín. Siento un profundo abismo y deseo suspenderme ágilmente
hacia otra patria. Observo los teléfonos que debería levantar, las imágenes de
la gente a la que debería contactar y se me atan las manos. El único deseo fuerte
que me atraviesa es envolverme en telas.
O escuchar esa voz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)